Post mutante actualizado -- Puede que lo hayáis probado, en condiciones de juego y total seguridad. Sentir la fuerza de un elemento imparable, como un vehículo: al principio estacionado, es algo familiar, conocido. Pero si nos ponemos frente a el o detrás, agarrándolo o empujando para tratar de pararlo o frenarlo mientras poco a poco se pone en marcha, no tarda en aparecer un sentimiento de angustia. No se puede detener.
Cobardía o complacencia. Muchas veces pienso que pongo los medios para mi propia derrota. Que sé desde el principio que esos trenes no se pueden detener. Que de hecho deseo que no lo hagan, para alcanzar un batacazo que suponga un final. Una espera de que las cosas terminen, mal, pero que terminen.
Ahora mismo hay varios trenes que me tienen de mascarón de proa. Un jodido museo del ferrocarril, con un tren bala de largo recorrido, talgos cotidianos, trenes fuera de control con pasajeros, un Orient Express de corto recorrido; donde me siento, más que Poirot, una mezcla entre el Watson de la serie de Sherlock Holmes que hizo Miyazaki, y Lupin, capaz de desaparecer aparentemente indemne.

Sin olvidar los cercanías que llevan al puesto de trabajo, en los que juego con las agujas sin saber dónde están las vías muertas. Puede que haya un tren tan desfasado como el de
Chase The Express y un par de vagonetas capaces de pararse, ya que las acciono yo.
Cansancio que me hace esperar un mal final en todos estos recorridos, porque vengo de trayectos similares. Otros trayectos son únicos, vitales, pero insisto en suponer el final. Valiente gilipollez. Por una vez trato de luchar mínimamente contra estar mal, y lo cambio por inquietud o desconcierto. No gano con el cambio mucho que digamos, salvo por un tercer factor: indignación. Ya sea de las situaciones que en este preciso instante rondan mi mente, o en
Los Grandes Problemas de mi Futuro, se puede extraer una verdad fundamental. ¿Por qué, si algo va a acabar mal, se ha de estar mal hasta que acabe? Si se tiene esa certeza, ¿no deberíamos operar bajo la seguridad que nos da, aunque sea fruto de la resignación?
Pues sí. Lo que no significa que tenga los medios para hacerlo. Al menos hace exactamente dos días aprendí el verdadero significado de
la información es poder. Y me reí, y me sentí a gusto conmigo mismo. También porque vi que había un ancla adicional:
sí soy yo quien insiste en mantener una situación, esa situación va a ser inmutable. La casa que Aureal construyó no es un hogar, pero va a estar esperándome cuando alguno de esos trenes choquen. La seguridad del hoy que conoces y has fabricado. La certeza de que lo que eres te da un espacio infranqueable. Una mala situación buscada inconscientemente, de la que, si no salgo, sólo/solo iría a peor, tal y como insisto en imaginar cada noche. Pero sería un espacio conocido y único, un
backup de lo que soy para el
reset que se avecina en un par de meses.
Pese a los vaivenes y los picos de
jodimiento que me esperan, eso será algo impepinable. De lo que dejo constancia con esto, aunque seguro que me parecerá una parida en breve. Aún no. A día de hoy no estoy de mal humor.
"Querido Lestrade, le he vuelto a engañar..."