Revolver (Review)

¡Ah Ritchies, Ritchies!

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Cójanse dos cacatúas. Las únicas palabras que saben decir son "Yo", "Mí", "Mio" y un montón de tacos. Se las alimenta con una mezcla de alpiste y éxtasis. Por último te las grapas a la cabeza, una en cada oreja. Por el resto de tu vida.

Algo así debe ser estar casado con Madonna.

No vamos a entrar al trapo, a estas alturas, contra Barridos por la Marea. Los chistes son más viejos que la polémica. Vamos a los hechos: Lock & Stock y Snatch. Dos películas que crearon códigos propios, 100% british. Creadoras de iconos y descubridoras de talentos, gracias a un estilo que irrita a mucho listo de filmoteca (eso es bueno: nunca se les irrita lo suficiente), y que otros copiaron sin ver su fecha de caducidad.

Un corto para una marca de coches y una basura más tarde, las cosas no pintaban bien para Guy Ritchie. Ante él se presentaba un trabajo herculiano: dejar de recibir collejas como director, acallar las voces que lo daban por acabado, reinventarse su propio estilo y, ya puesto, ofrecer una obra que superase a toda su filmografía previa. Y lo ha conseguido. Eso y pasarse tres pueblos y el polígono industrial.


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Jason Statham, asombrosamente resultón con barba y greñas, es Jake Green. Jake se ha chupado siete años en la cárcel por culpa de un mafiosete, Macha (Ray Liotta lejos de sus registros telefílmicos). Pero Jake no ha perdido el tiempo y, durante ese tiempo, ha dado con una fórmula maestra para ser virtualmente invencible en cualquier juego, apuesta o partida. Sí, Jake sale de la cárcel. Sí, Jake quiere vengarse de Macha. Sí, lo consigue. Pero tampoco logra hacer nada de lo anterior. Vuelve a leer este párrafo desde el principio. Otra vez.

Desde el título hasta su anticlimático final, todo es falso en Revolver. ¿Una pistola? Piensalo mejor. Aquí hay dos películas y media y tantos temas como desees. Una peliculita de gangsters que retoma y mejora los temas de sus anteriores obras; un viaje a lo que somos, lo que nos decimos ser y lo que nos negamos; y, quizás mas evidente, la propia historia de Ritchie, plantando cara a los matones que le forzaron al destierro. ¿Más sencillo? Un juego de ajedrez dentro de otro. Una partida de poker donde somos los únicos que no saben que las cartas están marcadas.

¿Realidades múltiples en una peli de gangsters? ¿MGS 2 meets Lock & Stock? Algo así. Cuando el metraje ha avanzado unos minutos por lo que podría parecer "Snatch 2: Ahora sin Humor", Green sufre un apagón. Es el equivalente de Ritchie de los one-two-three-four en las canciones punk. A partir de ahí algo toma el control para susurrarnos pistas falsas al oído. Viajamos de lo real a lo imaginado, lo temido, las deducciones, las falsas conclusiones, la educación y corrección de una sociedad abotargada... Todo, incluso lo idealizado: una soberbia secuencia que adapta el estilo Cel Shading de Fear Effect, para sobreexagerar la violencia. "¿Cómo, no vemos violencia como en las otras pelis?" Nop. Se nos escamotea en otro juego de manos.


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La otra película. Nunca mejor dicho, porque es como la piel de una cebolla. Bien, en ella tenemos algunas (no todas) de las constantes de sus dos obras más conocidas, pero destiladas por la experiencia. Son pocos los momentos, pero cuando aparecen es con fuegos artificiales, un desfile y ocho trombones. Sin salirse del motif de las dos caras de la moneda, la escena más divertida es también falsa: cuando un matón cobarde le da explicaciones a un incrédulo Macha sobre la fuga de Green, vemos el absurdo de esa historia ante nuestros ojos. Del mismo modo, el momento más tenso de Revolver gira entorno a las amenazas de los matones hacia el hermano de Green. El anterior le pide a su hija que se esconda en una encimera, para que no vea. Algo que es recalcado por otro personaje, el hitman de Macha, quien pide a la niña que, además, se tape los oídos. "Estos son juegos de mayores, cielo, espera en el armario hasta que todo haya terminado". Nada es real, pero a la vez todo es demasiado real, tanto que la niña no puede zafarse de ello. Porque en la vida real de nada sirve taparse ojos y oídos.

Macha, que puede ser otro reflejo de lo que creemos saber sobre Green, es un papel bordado por Ray Liotta. Demuestra aquí que cuando a un actor solvente se le aleja de los telefilms alimenticios, y se le alimenta con un buen cañonazo de cocido argumental, es capaz de renacer (otra trampa más: pensabamos mal de este actor, lo creíamos en la realidad como su personaje, y...) Patetismo, comedia, tristeza: pídele lo que quieras a Ray y te lo consigue en un instante.


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Y Jason. Ritchie es el único director que, por ahora, ha despojado a Statham de sus capacidades como personaje de acción. Por todas las balas disparadas en Transporter, aquí sólo realiza un disparo. Por todas las hostias, en Revolver tan sólo da un bofetón. Puede que sea sólo durante una escena o en realidad durante toda la peli, pero Green está en un asfixiante ascensor (¿o es un ataud?). Su mayor enemigo es él mismo. Ojo, trampa a la vista: no estamos hablando de personalidades múltiples, del "ohh, entonces él es...". La cosa va más allá. Somos nosotros. El yo presentable que vive la cotidianidad, y la voz interior, puñetera y traidora, que nos dice mentiras blancas para crear un falso bienestar. Y con un chasquear de dedos Statham lo hace: se desdobla y vemos a dos personajes totalmente distintos. El atlético, hierático, y el hombrecillo triste y patético. Por una vez en la película no hay truco.


Llega un punto en que las explicaciones se antojan excesivas. La paciencia del espectador se lleva al límite en el cuarto de hora final. Y ni siquiera esto es casual, porque están jugando con nosotros, poniéndonos en el lugar de los protagonistas. Somos Macha/Green/Gold, tan mosqueados y sorprendidos como ellos, con cábalas y teorías rebotando en nuestro coco sin cesar. Y entonces llega el final. Seco y directo, ha sido objeto de polémica porque estafa al espectador. Y de eso se ha tratado todo el rato, de una gran partida de cartas en la que, mientras mirabamos a nuestras cartas, nos han quitado la cartera. Quitado, que no robado.


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El triple salto mortal de Ritchie lo arroja al vacio. No vemos dónde aterriza. De nuevo hay quienes quieren que se estampe contra el suelo. Algunos creen que es el salto de un genio. Otros simplemente disfrutan de su espectáculo y entran de nuevo en la puerta giratoria.

Comments

¿Tres pueblos y el polígono industrial? Dios, creo que voy a pillarme directamente el DVD ukero...

(Siga asín USTED; menudos posts, oiga!)

Posted by Andrés on Abril 10, 2006 11:08 AM

Lo dice porque son larguísimos e insufribles, snif... ;)

Posted by Aureal on Abril 10, 2006 04:55 PM


Qué va, hombre.

Los larguísimos e insufribles son los míos. Pero no tanto como la nueva película de Ritchie.

Saludos desde el Abismo.

Posted by REFO on Abril 26, 2006 01:52 PM

Me quedé dormido con esta película. La vi con unos subtítulos chungos y no conseguí seguir el hilo. De todas formas le daré una oportunidad cuando caiga por aquí.

Posted by Woed on Abril 27, 2006 09:53 AM

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