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Funny Games

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Tengo a Michael Haneke en el filo de la navaja. Por cada logro, una cagada. No me convence su obra más allá de Funny Games, La Pianista y Caché, películas que a veces creo fruto de felices casualidades. Me mosquea el subtexto de algunas de sus obras, pero una película que promueva la reflexión (aunque sea por tocar las pelotas) siempre es interesante. Pero Haneke es a veces cansino. Por unos films como mínimo atractivos nos regala su egolatría y pomposidad. Hablamos de un tipo sin duda inteligente, pero también de alguien que se ha definido a sí mismo como “uno de los grandes cineastas de la historia”. Hanneke, el auteur, da plantones en festivales que hacen retrospectivas en su honor. Haneke defiende desde hace años unas convicciones, algo que le honra, pero que se diluye cuando su discurso es digno de un reportaje de Espejo Público. Y además se parece a Christopher Lee.

"¡Buah tío, esta me han dicho que sí que es burra, pero burra de verdad!" Esta frase es el abracadabra de algunas obras del género, un precinto de garantía que rara vez cumple las expectativas. Es también una fecha de caducidad, pues el paso del tiempo juega en su contra: que la peli quede desfasada o el simple visionado de películas superiores pueden diluir el presunto impacto inicial. Tal vez si hubiese visto Funny Games en su momento la tendría en más estima. Se la tengo, pero cuando llegó a mis manos ya era un más cínico. Tampoco ayuda el bombo que se le dio en su día, y del que Haneke supo aprovecharse haciendo suyas las palabras de algunos críticos: Funny Games como acto de terrorismo fílmico.

Peter y Paul (sin Mary) son dos jóvenes educados y algo pijos. La pareja irrumpe en la casa veraniega de Georg, Anna y el pequeño Georgie, con los que inician una serie de sádicos juegos que terminan muy mal. O como dice el eslogan más sobado del mundo, “su pesadilla sólo acaba de empezar”. ¿Dónde radica la dureza de este film? No en lo visto, sino en lo sugerido, hechos terribles que buscan el agobio del espectador. Sí amigos, entramos en el picajoso terreno del Didactismo. Funny Games presenta a unos personajes próximos, identificables, con los que se busca establecer una identificación. A medida que avanza el film esa identificación se fuerza con actos cada vez más desagradables que buscan nuestro impacto y solidaridad hacia Georg y Anna. Da la sensación de que Haneke husmee por las butacas o nuestro salón - SPOILER - “Cómo, ¿todavía no están incómodos? Bueno, menos mal que tengo una carta infalible: matar a un niño”. Estos factores se unen al estilo documental del film, plagado de silencios incómodos, y al carisma de los dos psicópatas.

No creo que ninguno de los puntos fuertes del film sea producto del azar. La citada ausencia de música y los planos secuencia, impropios del género, consiguen crear una atmósfera sugestiva, incómoda. La buena labor de los actores hace que sus papeles, en su iconicidad, estén muy bien perfilados. Y volviendo con Peter y Paul la repulsión que producen, la mala hostia vaya, es mejor que la indiferencia de otros muchos compañeros slasheros. Pero si unas trampas de guión resultan irritantes, ¿deben ser alabadas por enfadarnos o se puede atacar ese procedimiento? Funny Games busca que seamos cómplices de los asesinos, por todos los medios. Hay una escena especialmente divertida (aunque dudo que ese fuera su fin), en la que Anna busca a su pastor alemán mientras Paul le da pistas. “Caliente, caliente”, le dice cuando está a punto de descubrirlo. Peter se gira a cámara y nos guiña un ojo: ambos sabemos que va a encontrar el cadáver del perro.

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Esa complicidad es forzada cuando comienzan los juegos más sádicos, en los que se nos pregunta nuestra opinión de las normas. El anverso de ese pacto es el castigo por nuestra morbosidad: las escenas más violentas nos son escamoteadas. Haneke nos deja sin premio tras crear un clímax de tensión. De hecho Haneke se empapa de las reglas del género (una casa aíslada, persecución de una familia) y las pervierte: aquí los niños no están a salvo. No hay finales felices ni rescate in extremis. Por no haber no hay ni una motivación para los asesinos, que son metaconscientes de su condición y se ríen de ello, inventándose orígenes falsos para su psicopatía.

Haneke nos sermonea. Hanneke se ríe de los espectadores. Haneke se siente superior a nosotros pero es víctima de su propia egolatría. Al principio del film la familia escucha música clásica, Händel y Mozart, que es contrapuesta a la música de los créditos: el Grindcore de Naked City. Lo que funciona bien a un nivel (la tranquilidad burguesa, a punto de ser rota por la irrupción de la brutalidad) pincha en otro, al trazar un paralelismo entre la música más brutal y la violencia, aunque sea la del cine. ¿O el barbitas pretendía que el público habitual de este género se identificase con una familia de clase alta?

Y llegamos a mi momento favorito: la secuencia del mando a distancia. Vamos con el SPOILER. Anna consigue disparar la escopeta contra Peter, lo que supone una mínima catarsis para el espectador al castigar a uno de los asesinos, ojo, con sus mismos métodos. Pero Paul no quiere darnos esa satisfacción... por lo que busca el control remoto de la televisión, rebobina la escena hasta el momento previo al disparo (insertar aqui ruidito de ¡brrifrriffibriff) y le quita el arma a Anna. Sip. Benny Hill, allá vamos.

De acuerdo. Entiendo el carácter omnipotente que se da a los asesinos, como extensión del espectador y que se valen del conocimiento de los códigos del género, y por extensión, del cine. También percibo que Haneke nos quiere privar de todo final feliz, de una válvula de escape habitual y decida darnos en los morros. Incluso puedo ver la referencia a cómo los espectadores usamos el mando para cambiar de canal ante la violencia recurrente de los telediarios (como Haneke menciona en las entrevistas de la época). Pero esta escena supone un recurso ridículo, borracho y ramplón, que anula toda dureza de las imágenes anteriores o el caracter ominoso de los asaltantes. Todo iba bien hasta que se convierte en una película de Jaimito. "No dar un respiro al espectador, romper sus expectativas". Claro, claro.

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Es difícil aceptar la parte más burda del discurso de Hanneke. Tras ver la brillante puesta en escena, el inteligente uso y perversión de los códigos y su control del ritmo, conocemos la decepción con el objetivo
del film: criticar nuestra insensibilidad a la violencia. Cierto es, no cabe duda, pero que viniera a esas alturas de siglo XX a confundir la violencia figurada con la real... Joder. Si la violencia del cine es aceptada es por estilizada, por hacerla distinta a la real. Incluso despojada de monstruos, asesinos en serie o gore, sabemos que los navajazos no son tan certeros en la vida real, que es muy difícil acertar cada disparo, que la sangre no luce así de bien. E incluso cuando se trata de imágenes reales, como en los telediarios, la pantalla es el parapeto que la distancia de nosotros, la irrealiza al no haber una conexión directa con ella. Por eso podemos permitirnos apartar los ojos y el corazón de esas imágenes.

Doble tontería la de Haneke cuando afirma sin rubor que la violencia del cine nos predispone a la violencia real. Acude al mantra más retrógrado, al "hay expertos que dicen". Y dale con la matraca. La fisicidad de la violencia real supone un bofetón que nos despierta para ver que se trata de cosas muy distintas. Para acostumbrarte a la práctica de la violencia real hacen falta otros detonantes menos ingenuos: un cúmulo de frustración, una indolencia, un egoísmo, un miedo. Eso puede desembocar en un primer acto de violencia, real, que será el detonante de que nos acostumbremos a ella. Eso y no una película.

Que nadie se engañe: la película me gusta mucho. Funny Games funciona muy bien como film de los 90. Quizás consciente de ello o fruto del contagio, es un producto con todas las constantes (imposturas en su mayoría, construidas por imaginería casi todas) de la órbita de esa década que, al ganar distancia, deja ver la identidad de el cine de esos años: llamadas de auxilio hacia no se sabe bien quién o dónde, y un reflejo tal vez inconsciente de la brutalidad, por modos y por atontamiento, que la sociedad en términos amplios había alcanzado. Haneke pone la oreja contra el suelo y escucha el murmullo de las alcantarillas. Nos avisa del tren que se aproxima, aunque se equivoque en el rumbo y el cargamento. Funny Games sigue ostentando el trono de Película Bruta de los 90, pero no por falta de competencia, sino por premeditación a la hora de arrogarse ese puesto.

Reader Comments

  • Diego , Julio 6, 2006 11:22 PM

    no tenia ni idea de la existencis de esta pelicula...

    muy bueno tu blog, pase de pura suerte por aqui...lo visitare mas seguido

    saludos

  • Ryo , Julio 6, 2006 11:51 PM

    El caso es que juraría haber visto esta película de pasada en Showtime Extreme. No me pareció gran cosa, creo que a veces cuando lo único que buscas es provocar te sale una provocación, un chiste, pero no una peli. No creo que la viera entera, desde luego no vi la escena del "rebobinado", pero si es tal y como dices debe ser para cagarse.

  • Anonymous , Julio 7, 2006 09:53 AM

    Con su permiso le cito textualmente:
    "Cierto es, no cabe duda, pero que viniera a esas alturas de siglo XX a confundir la violencia figurada con la real... Joder. Si la violencia del cine es aceptada es por estilizada, por hacerla distinta a la real. Incluso despojada de monstruos, asesinos en serie o gore, sabemos que los navajazos no son tan certeros en la vida real, que es muy difícil acertar cada disparo, que la sangre no luce así de bien. E incluso cuando se trata de imágenes reales, como en los telediarios, la pantalla es el parapeto que la distancia de nosotros, la irrealiza al no haber una conexión directa con ella. Por eso podemos permitirnos apartar los ojos y el corazón de esas imágenes."

    Ha condensado en este párrafo todo lo que yo siempre he querido decirle al que se sorprendía de mi gusto por el cine bélico y de acción y mi hipersensibilidad ante la violencia.

    Creo que no podré ver Funny Games: ¡¡¡¡SPOILER!!!!: matar a un niño... brrrr, ya la foto del crío con la cabeza tapada y braceando me pone los pelos de punta. Ser padre me ha hecho más sensible aún, ¿qué le vamos a hacer?

    Además, en las pelis de psicópatas la parte que más me gusta es cuando lo ponen panza arriba de un par de plomazos, y si esta no goza de ese momento, de esa catarsis, pues me la ahorro.

  • Auяeal , Julio 7, 2006 10:37 AM

    Gracias a todos. Gracias Anonymous; la verdad es que el film está muy bien, por más que le saque punta. Supongo que el que me molesta es Hanneke con ese discurso tan sensacionalista.

    La película esta muy bien, y nunca es explícita. Pero creo que lo pasaría bastante mal.

  • Mulder , Julio 7, 2006 12:18 PM

    El anónimo era yo. No me había dado cuenta de que había posteado sin mi nick.

    Creo que sufro más con lo implícito que con lo explícito. Son los problemas de tener tanta imaginación.

  • Sirchancla , Julio 7, 2006 12:32 PM

    Más claro el agua. Funny games se resiente tanto por culpa de sus brechas teoréticas y su alarde disectivo, en el fondo tan simplón y sociológicamente barato... ya lo ha dicho usted infinitamente mejor. Pero ¿ Caché ?. Esa sí que nanay. No pude con ella. Tan pretendidamente filosa y tan roma a poco que rasques. Lo peor de Haneke, como vuelve a clavar usted, es que con demasiada frecuencia sus "motivaciones" autorales, esos TEMAS con los que juega en planificaciones malabares son tan presuntuosos que sin necesidad de llegar al final y en cualquiera de sus abundantes vueltas de tuerca se revelan obtusos, tontolhabas y predecibles. Cuando se supone aspiran a ser todo lo contrario. El plano final de Caché es tan significativo en ese punto: "oiga, sí, ya sé que se veía venir mi demoledora crítica a la burguesía europea intelectual a los veinte minutos de película, pero mire, mire que plano final tan enigmático. Hala, que corran los ríos de tinta". Humo. Mucho humo.

  • Auяeal , Julio 7, 2006 12:51 PM

    Ahi ahi. El tipo tiene buenas ideas, pero el discurso deja que desear. Y es tramposo: le gusta impactar para hacer que se hable de sus films y luego atribuirles un "mensaje". La idea base Cache me gusta mucho, pero el rollito de "los burgueses se toman la pastilla para dormir y dan la espalda al tercer mundo", pues... Que se vaya a las misiones si tan concienciado está.

    Porque esa es otra: en Rusia le habían preparado una retrospectiva, traduciendo todos sus films y el tipo les dió plantón a última hora. La razón: se le hizo el culo pepsicola cuando le dieron luz verde a su remake americano de Funny Games.

  • Chaiko , Julio 7, 2006 06:57 PM

    Ostras, que saga de posts más maja, y yo me entero ahora. Hay mucho que reivindicar de los '90. Claro, a mí también me gustó y me gusta Johnny Mnemonic.

    No paro de oir hablar de Haneke últimamente y la verdad es que no he visto nada suyo. Por una cuestión de prejuicios lo identifico con Von Triers y demás, que aún me duele en días húmedos. Empezaré por esta, aunque me he saltado tres cuartas partes del post y la mitad de los comentarios.

  • Auяeal , Julio 7, 2006 09:28 PM

    Empieza por ésta, sigue con Caché y termina con La Pianista. Y gracias por las alabanzas, animan mucho :D

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