Speed Grapher - Review

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La autocrítica es una falacia. Si la realiza una única persona, tiene más de autocompasión que de ejercicio introspectivo. Un grupo acoge demasiada disparidad para que el planteamiento crítico tenga sentido. ¿Y un país? ¿Puede ejercer la autocrítica como tal? Nunca. El gobierno es una bestia movida por la inercia y esclerotizada por el poder. Deben ser otros los que, desde un afán común por señalar lo que está mal, ejerzan esa función. Pero la autocrítica es necesaria, y si no se efectúa deja un vacío, proporcional a lo que se nos oculta. De modo que no quiero ni imaginar lo que ocurre en las catacumbas del poder de un lugar tan hermético como Japón. Pero ya hay alguien que lo imagina y que grita las verdades más sucias.

Saiga, fotógrafo de guerra, se ve obligado a abandonar el campo de batalla tras un accidente. La frustración de nopoder retratar conflictos se suma a la frustración de trabajar en Tokio, en un Japón donde la diferencia social es norma. El fotógrafo medra en esta apatía, y ni las atenciones de la hipersexual Ginza le hacen despertar.
Saiga descubre un club secreto, en el que celebridades, millonarios y toda la esfera política se entrega a todo tipo de prácticas sexuales, masoquistas o criminales. La estrella del club es Kagura, la Diosa, cuyos fluidos otorgan habilidades basadas en las obsesiones. Saiga es descubierto y abatido a tiros, justo cuando Kagura le besa y le concede un don: la capacidad de destruir todo lo que fotografie. Empieza su huida.

Speed Grapher es la típica producción Gonzo, lo que supone un estándar de calidad. También es sinónimo de una historia atractiva, cuyos lugares comunes (protagonista algo mojigata, héroe descreído, villano de triste pasado) se compensa con algo de sexo y un alto componente bizarro. Los fluidos de Kagura (su saliva, de forma explícita, mientras que esos otros fluidos son sugeridos), en conjunción con un virus, dan lugar a los mutantes Euphoria. Esto da lugar al formulaico monster of the week, comenzando por un bailarín simbiótico y elástico (el asesino más resultón de la serie) pasando por dentistas con tornos en su cuerpo, tatuajes vivientes, mujeres de diamante, sirenas con afán suicida o sacerdotes eléctricos.

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La metáfora se deja de medias tintas y va a la cabeza. El primer ministro, tan vicioso y viciado como todo el gobierno, es un nutrimenófilo que no puede parar de comer, con su boca de dos metros de diámetro y media docena de lenguas. Ni siquiera los aparentes benefactores se libran. Las mutaciones son poder a secas, y por tanto corrompe cuanto toca. El virus, metáfora de las pulsiones ocultas y suciotas que todos tenemos, también anida en Saiga. Su transformación alude a su auténtica pasión: tomar instantáneas de la muerte. No se trata de que su cámara destruya todo lo que fotografía, sino que fotografía lo que destruye. Saiga se repugna al descubrir que este es su deseo, pero SPOILER no ve la verdad hasta el final, y ha de quedarse ciego para hacerlo. Y en coherencia la última foto de destrucción que Saiga hace no es una instantánea de muerte, sino el momento en que salva la vida a su enemigo.

El poder como símbolo de corrupción. El cáncer de Kagura, el progresivo deterioro de Saiga, la decadencia de todo un país y del propio mundo. Y en el papel más incómodo Suitengu, antagonista de todos y de sí mismo. Suitengu sabe que la sangre del mundo es el dinero. Dinero como el de sus cigarrillos, hechos de billetes de 10000 yenes. El mismo dinero que acabó con su hermana y le convirtió en un niño de la guerra. También fue el dinero lo que casi acaba con él (y también con Saiga, el momento en el que ambos fueron infectados y convertidos en reflejos rotos), y lo que le dio sus habilidades. Un poder casi absoluto para alcanzar el resto: acumular la mayor cantidad de capital del planeta y destruir todos esos fondos, para asestar un golpe de muerte. Pero la amenaza no es para las gentes de a pié, ni para la población. Ni siquiera SPOILER va a dañar a Saiga y Kagura. El golpe, por una vez, se lo llevan quienes más lo merecen.

Reader Comments

  • Chaiko , Agosto 31, 2006 02:46 PM

    Suena muy bien. Yo estoy perdidísimo con el anime, y no hace tanto que devoraba todo lo que caía en mis manos. Ahora lo más novedoso que he visto es Bobobo :D.

  • Auro , Agosto 31, 2006 08:57 PM

    Ueeh por fín alguien que la ha visto! Me pareció una serie interesante, con sus moralejillas. Ahora que lo pienso el protagonista parece ligeramente basado en el fotógrafo Kevin Carter (http://en.wikipedia.org/wiki/Kevin_Carter), no te parece? aunque la foto que hace famoso a Saiga es... muy diferente. -_-

    El bailarín psycomantoso no estaba mal como primer monstruito en aparecer, aunque a mí el que me llama más la atención (aparte del mismo Saiga) es el chaval con olfato hiper-desarrolado, fiel perro de un mal amo. :P

  • Auяeal , Agosto 31, 2006 10:55 PM

    Con la dichosa ambiguedad yo pensaba que el del olfato era una chica hasta casi el final. A mí me gustaba el bailarín, pero me quedo con Suitengu de lejos.

    La foto de Saiga es estupenda, muy touching, que dicen en Usa. Y si la niña rie es gracias a Saiga. Saiga hubiese ayudado a la niña de Carter, pero seguramente también se habría suicidado.

    ¿No te encantó cuando adaptaron el opening a la canción?

  • Woed , Septiembre 5, 2006 06:01 AM

    Excelente crítica, disfruté la serie de principio a fin. Está entre uno de mis animes preferidos, junto con Cowboy Bebop y Gantz(sin censurar).

  • Sir Jabalinot , Marzo 23, 2008 09:47 PM

    Realmente es la mejor serie que visto. Y no solo de animé. Yo tambien terminé enamorado de Tsujido. Si, ya se que es hombre, pero me recuerda mucho a alguien que conocí y que... bueno, a veces la prueba de lealtad te cuesta la vida como a el y a Matute. En todo caso, me pareció que pese a la gran velocidad que lleva el desarrollo de la historia, los personajes estan bien logrados y el final, bueno, Todo lo agridulce que tenía que ser. Y Ginza, jajaje, como olvidar a Ginza que cambió las pistolas por jeringas, pero no cambio ese sadismo en la mirada y su frase de justificación con amenaza. Y Bob!!!, jeje, bueno, al menos terminó a su lado.

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