Cor Blimey, Bloody England:
SCUM

Desde finales de los 60, Inglaterra afiazanba su reinado en el humor televisivo. Pero en la gran pantalla languidecía su terror gótico. Con todo, el miedo seguiría siendo el motor del mejor cine británico, pero esta vez provenía de lo real, de la crudeza fruto del paro, el desamparo de las clases obreras y las contribuciones de la siempre jovial Tatcher. Este cuarteto de posts va a usar el nexo de la delincuencia como fruto del desamparo, en cuatro films aparentemente inconexos.
Fiel a la filosofía anglosajona, el borstal era una institución clásica y tradicional, con unos métodos que apenas cambiaron durante su existencia, de 1902 a 1982. Los reformatorios ingleses eran centros para jóvenes de 16 a 21 años, donde se les reconducía hacia la educación y la tolerancia. En realidad los borstal se basaban en encerrar y tirar la llave. Una vez dentro, chicos de 23 hasta 12 años eran sometidos con una disciplina militar, basada en la continua humillación, la violencia física, los trabajos extenuantes y la incitación al conflicto entre los reclusos, a los que se azuzaba para crear facciones y líderes. Se les trataba como la basura del título. La patina de respetabilidad la ponen las visitas esporádicas del director del centro, y charlas individuales donde se pasa revista a los reclusos y se insiste en su asistencia a oficios religiosos.
Aunque el auténtico protagonista es el recinto de reclusión, Carlin es la figura central de Scum. Carlin llega esposado, tras defenderse de dos guardias en un centro de internamiento previo. Su actitud desafiante, sin agachar nunca la cabeza, hace que reciba los mejores golpes de los vigilantes, y pronto del líder local, el Daddy. El Daddy es el matón jefe, aquel que controla todos los trapicheos y humillaciones, con la permisividad de los directores del reformatorio. Carlin no tarda en perder la paciencia y devuelve todos los golpes, con creces. Pero el convertirse en el nuevo Daddy no hace que el espectador le tenga simpatía a Carlin. El centro ha hecho de Carlin lo que quería, un sujeto maleable, un recambio del líder, más brutal que su predecesor e incluso más egoísta. Aquí no hay héroes, sólo vencidos.
Archer es el núcleo del film. El único amigo de Carlin, Archer es descarado, maduro y más inteligente que cualquier otro recluso o guardia. El sistema no es para él, por eso trata de dinamitarlo desde dentro. Archer se declara vegetariano, ateo e incluso musulmán con tal de tocar las narices. Los perjuicios de estas decisiones (correr descalzo sobre la nieve por negarse a llevar botas de piel, o privarse de la carne en una exigua dieta) se compensan con el desconcierto causado entre los guardias, ya que al no ser violento o indisciplinado no saben cómo lidiar con Archer. El muchacho no es tampoco egoísta, y ayuda a sus compañeros más débiles, leyendo cartas a un recluso analfabeto o apoyando a Formbey, el personaje más dramático del film: un niño de 14 años al que su familia ha abandonado a su suerte en el reformatorio. Archer encarna el verdadero discurso de la película. En un recurso que luego plagiaría el plomizo Ken Loach, Archer tiene una charla con uno de los guardias, en la que explica cómo ambos son meros peleles del sistema. Tanto reclusos como funcionarios son presos en una institución arcaica, que los mantiene doblegados y sin causar especiales molestias al gobierno. Estos hechos descarnados sólo provocan una reacción violenta del guardia.
Incluso casi treinta años después de su realización, Scum es un film difícil y contundente. Un excelente trabajo de cámara se une a la ausencia total de música. Así se subrayan las escenas más duras: agresiones hiperrealistas, suicidios, humillaciones y una escena de violación que no ha perdido ni un ápice de impacto. Las vejaciones y el maltrato psicológico son la verdadera banda sonora del film, más real que muchos documentales y que nos sumerge en este círculo de violencia. Al ver Scum nos sentimos uno más de los jóvenes encerrados, y el final subraya la sensación de que no se puede salir de ese círculo de violencia y desintegración del individuo.
Alan Clarke entra en el grupo de directores que señalan problemas con sus films, pero sin sentirse superiores al espectador. El realizador tuvo muchos problemas con Scum: la primera versión fue una pieza teatral para televisión, posteriormente adaptada como film. Ambas adaptaciones fueron prohibidas por la BBC, ya que pese a tener mínimas diferencias argumentales, ninguna escatimaba en la dureza de las escenas dramáticas. Los hechos que Scum denunciaba fueron convertidos en acusaciones: racismo, homosexualidad, violencia explícita… Scum ganaría un estatus de culto que la convertiría en esa peli prohibida que había que ver. La grandeza del film es que cualquiera que se acerque a él (ya sea por interés en su argumento o por su leyenda de crudeza) queda afectado por un mensaje nítido y contundente, como una marca de ganado en el cerebro. Un visionado de Scum hace más que un millón de campañas publicitarias o charlas juveniles. Scum es una lección sobre la vergüenza de los actos y la ignominia de mirar a otro lado.
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Reader Comments
Woed , Noviembre 30, 2006 09:54 PM
Wow! Gracias por esta crítica y en cuanto tenga oportunidad me lanzo a por la película. La captura de "I am Happy" no tiene desperdicio.
Auяeal , Diciembre 1, 2006 02:01 AM
Gracias a ti por comentar, Woed. Creo que te va a gustar mucho, es realista pero a la vez atemporal. Si no la encuentras dímelo, que te la mando encantado.
Pluto Kennedy , Diciembre 5, 2009 12:34 AM
Adoro SCUM y Alan Clarke. Fue todo un descubrimiento para mi. Elephant me impresiono. Gracias por la Reviiew!