Cor Blimey, Bloody England:
Video Nasties

Con Londres, con Inglaterra en general se da el Síndrome del Perro Labrador: para un rato está muy bien, pero aguantarlo a todas horas todos los días puede ser un coñazo. Por eso creo que hubiese sido estupendo vivir el final de los 70 y principios de los 80 en Inglaterra o Irlanda, pero no vivir en Inglaterra o Irlanda en aquellos años.
Comenzaba la década de los 80 en Inglaterra, y el boom del vídeo doméstico arrasaba los hogares. Las grandes productoras se mostraban reticentes a licenciar sus títulos más populares, temerosas de que el vídeo fuese el matarile para el cine. Los coleccionistas avezados mandaban al carajo sus películas de proyectores, mutiladas y con sobreprecio, y optaban por el nuevo formato. Y entre ellos estaban los freakies, a un lado u otro del mostrador. Las distribuidoras de bajo perfil vieron la ocasión óptima para dar rienda suelta a su catálogo más abismal. Había una demanda, y fue cubierta con grumos, tripas y sangre de regaliz.
El gore cobraba su verdadera dimensión, la del rito prohibido a espaldas de los padres, la del grupo de amigos que jalea las burradas de la película. El terror era la principal demanda videográfica, y nunca tenía fin. En una escalada del más bestia todavía, las distribuidoras creaban carátulas que vendían promesas de brutalidad sin parangón. Poco importaba que la portada mostrase una chicuela abierta en canal y la peli tratase de una invasión extraterrestre: la gente picaba, y puede que ese avance a su imaginación ya valiese las cuatro libras de alquiler semanal. La gente podía incluso perdonar que le vendiesen la misma película con distinto título y diseño.

Pero Inglaterra es la patria de las madres preocupadas, de las petardas que se quejaron a sus maridos de los geniales Penny Dreadful. Con un par de escándalos bien montados, las horribles películas de vídeo resultaron ser el origen de todos los males, no ya de la vulnerable juventud, sino la propia raíz del crimen, la delincuencia y hasta de las huelgas en las minas. En lo que se tarda en decir cretinos la policía empezó a hacer redadas en los videoclubs, incautando todas las películas de ser peligrosas. Su criterio era… en fin, se basaban en… que no había reglas.
Las autoridades hicieron varias salidas falsas antes de elaborar una arbitraria lista de Video Nasties, en la que entraban y salían títulos según la normativa, voluble cada semana. Los primeros fueron fáciles: con películas como I Spit on your grave o SS Love Camp no había pérdida. Pero a partir de ahí la selección se basó en denuncias privadas, rumores incautos, títulos malinterpretados o simplemente en lo explícito de la carátula. Finalmente quedó una lista de 74 títulos prohibidos, cuya venta, distribución, intercambio, proyección o mero visionado acarreaba penas de cárcel.
Imaginad una situación (o futuro probable, tal y como van las cosas) en la que un grupo de Panzer Cops eche abajo la puerta de vuestra casa, arramble con todo el contenido freakie de vuestra habitación y os arrastren de las orejas hasta un borstal. Sí, a esto me refería con lo malo de vivir en Inglaterra en estos años. Lo malo, pero también lo bueno. Los fans del horror que solo pudieron paladear el breve lapso de libertad se quedaron con ganas de más. La lista de Video Nasties rodeaba a estas películas de un halo de misterio, que multiplicaba por mil su ya intrínseco atractivo de género.

El aficionado salía de caza a tiendas de suburbios, librerías soterradas o los minúsculos videoclubs de pueblo. Aunque algunos hemos vivido sensaciones similares, cuesta imaginar la búsqueda anodina entre copias de El fabuloso mundo de los horarios de trenes o Gala de Noche: ¡Sólo para caballeros!, y la súbita emoción de encontrar una copia de Absurd o The Burning. O directamente, un cubo con un cartel que rezase Video Nasties, 3 x 10 libras. Puede que fuesen cintas procedentes de alquiler y requemadas, pero poco importaba. El buscador tenía que afrontar el dulce problema de conservar su flamante colección de nasties, o por el contrario hacerse con los beneficios de su venta.
Y llegamos a nuestros días. Muchas de las películas en la lista de Nasties han estado prohibidas en Inglaterra hasta antesdeayer. No por un veto celosamente guardado, sino por mera desidia burocrática. En cualquier caso, aquellos que vivieron esos años ven estas películas con otros ojos. Es el olor Nastie, un envoltorio especial que convierte en joyas a redescubrir tanto los títulos más emblemáticos como las ponzoñas más descaradas.
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Reader Comments
Jason , Marzo 26, 2007 03:25 AM
yo también guardo buenos recuerdos de los 80, y estoy deseando leer lo que tengas que decir sobre estas pelis.
Tones , Abril 15, 2007 10:59 PM
Ha sido poco comentado este post, pero no se me amilane. Estoy volviendo a ver Antropophagus, y necesitamos que revise estas joyitas una por una. Ar!
Aureal , Abril 16, 2007 08:54 PM
Muchas gracias, así se hará. De momento, en breve tendrá un post tangencial pero muy relacionado.