La letra de la canción, con sangre entra. De entre los escasos pero siempre fiables trailers de terror con canción incluida, los que incluyen un tema de Muse son una apuesta infalible. Funcionó con Haute Tension, ha funcionado con 28 semanas después y también surte efecto con Wilderness. Vale, ésta no tenía canción de Muse, pero creo que cuando vi el trailer tenía el mp3 cerca, o algo así.
¡Europa, Europa! Tan cerca y tan lejos, tiene narices que se la redescubra desde las miradas más crudas. Sus bosques más oscuros o los poblados de otros siglos cobran un atractivo evidente cuando sirven de escenario para las últimas tropelías del (excelente, aunque a más de uno le joda) cine de terror y torturas reciente. Y sin hablamos de lugares que conocemos, mejor que mejor: los rincones de Londres se ven desde otro ángulo al servir de escenario para un brote epidémico muy chungo. Es decir: todas son zonas que, con estas imágenes, se nos dice claramente que hemos de evitar (siempre en este worst case scenario, aunque la verdad es que Londres últimamente), pero no se puede evitar un cosquilleo y las ganas de ver agencias de viaje.

Me enfurezco con las dos entregas de Hostel. Me enfurezco mucho con Eli Roth. Pero porque el tío tiene evidentes ganas de aprender y evoluciona de una peli a otra. Su cabeza bulle de ideas que quiere arrojar a una mugrienta pared, para ver cuál se queda pegada. Y entre unos y otros, le cortan las alas. Seamos claros: todos están contra él y los de su órbita. Más allá de los pazguatos americanos y su creciente fiebre (¿de cabaña?) censora, están aquellos advenedizos que, como bien dice Tones, hinchan el pecho hablando de gore y cine de terror, pero con miras más cortas que sus entendederas. Son esos listos que recitan títulos sin haber catado casi ninguno de ellos, y que por lo tanto están muy lejos de saber manejar los códigos o, directamente, de saber divertirse con estas golosinas. Ah, y mis favoritos: niñatos presuntamente de vuelta de todo, ¡y que se escandalizan con estas películas! En fin, en el país de los necios, el rancio es rey…

Hostel 2 tiene virtudes que, de forma individual, harían digna a cualquier otra película del género: la ambientación, que convierte a Roth en el mejor director de Pilot Guides de la historia; los no-actores, verdadero eje de estas películas (¿Antonioni? ¡A tomar por saco, hombre!), la brutalidad, falsamente gratuita… Al margen de todo esto, Hostel 2 merecería la pena por una única, estupenda secuencia, una escena que es imposible imaginar en el cine americano post 11-S, y que también tendría trabas en Europa. Spoiler, ea.

Una de las protagonistas consigue escapar del balneario y es perseguida por un grupo de matones. Una vez en el bosque, es sorprendida por el inefable grupo de niños rateros, quienes la apalean con saña. La chica es rescatada por Valeria y Sasha, el gran capo del negocio de torturas. Mientras Valeria se lleva a la chica, Sasha pone a los niños en fila. Y saca una pistola. Los niños permanecen impasibles mientras Sasha, uno a uno, les encañona los ojos, la nariz, la boca, la frente. Se aleja de la fila, pero no ha terminado. Pone un silenciador a la pistola y hace un gesto unívoco con el dedo. “Uno”. Los niños titubean y, finalmente, tras quitar el gorro a uno de ellos, le empujan hacia delante. ¡PFFTH! Y con el siguiente plano, sentimos en el estómago el peso del cuerpo de un niño de seis años muerto. Y algunos tendrán la desfachatez de considerarlo efectista. Son los mismos que se matarían a pajas si esto mismo lo hiciese el puto Hanneke: “oooh, qué transgresor, sólo él podría ser tan valiente…”

La caza y tortura del ser humano vuelve a ser el deporte de moda. Lo curioso es que no está institucionalizada, es popular y al alcance de cualquiera con la formación o los medios apropiados. Los mercachifles de Hostel son cabrones adinerados que ofrecen sus servicios a otros capitostes. ¿Pero cuál es su mano de obra? Tarugos, ex mercenarios y gentes chungas del Este. Estos osos también tienen derecho a divertirse, a foguearse o incluso a ajustar cuentas con sus amos. O con lo más parecido que tengan a mano. Ejecutivos ingleses verbigracia.

Quien diga que un grupo de directivos y ejecutivos de alto standing, de viaje por Europa y haciendo juegos de equipo, resulta poco pausible, pues... Este factor y la ambientación en la órbita de diezmada Rusia, componen los elementos más realistas de Severance, que salvando las distancias, es un híbrido entre The Office y Hostel. Aquí los torturadores, antiguos soldados, desempleados, aburridos y bastante resentidos, la pagan con los neocon de la (adivinad) empresa de armas que realiza la excursión. Y tiene así lugar una estupenda contraposición. De un lado, los protagonistas, estereotipos de teleserie y divertidos tópicos ingleses. Un perfil teatral que se enfatiza en la secuencia en que cada uno da su versión sobre lo ocurrido en la zona, que culmina con la Teoría de las Enfermeras Cachondas.

De ahí que la entrada de los torturadores, directos, secos y brutales, suponga un choque por contraposición ante la crudeza y el realismo de sus métodos. Lo mejor es que esos roles se invierten: los torturados, al tener más chicha como personajes, no son más cercanos; mientras que los mercenarios son dibujados con cuatro trazos toscos, sin rasgos de personalidad que expliquen su actitud, y convirtiéndose en irreales máquinas de destripar. Sí, son primos de la gente de Hostel (tortura en sótano lúgubre incluida), y también de los cabrones que hacen de las suyas en bosques inhóspitos. Pero yo compro. Y hablando de ingleses…

¿Zombis lentos o zombis plusmarquistas? Creo que hay sitio para todos, salvo para los fundamentalistas. Que recuerde, los muertos corredores aparecieron en La invasión de los zombis atómicos, otro de esos títulos seminales que reconocen y admiran aquellos con pelotas. Para mi ambos son igualmente válidos, aunque reconozco que, por ahora, la partida del realismo la ganan estos zombis británicos.

28 semanas después está construida de forma inteligente. O si se prefiere, en base a una serie de efectivos engaños. El primero, el gancho emocional, es un truncado juego de supervivencia y huída. Vale que Robert Carlyle está encasillado en el papel de Pobre Desgraciado (incluyendo su interpretación de Hitler), pero su fuga, propia de un cabrón pero también lógica como reacción, es una escena de fuerza más que suficiente, remarcada por el rostro del actor, que mientras corre que se las pela se traga su llanto.

El resto es una bonita guía turística acompañada por un tour de force, entre sangriento y dramático, con regalos como la masacre con las hélices del helicóptero, el bombardeo, el ataque con armas químicas y la escena con visión nocturna. El final es obvio, sin duda, pero resulta superior a las ínfulas de la primera película. Esta secuela sabe lo que es y lo que debe dar al fan sincero de los zombis: menos reflexiones sobre el hombre es un lobo para el hombre, y más salpicones de sangre. Si todos los directores autóctonos fueran Fresnadillo… En cualquier caso, crucemos los dedos porque Europa mantenga este buen ritmo.
La Invasión de los Zombies Atómicos es una de esas pasadas impensables hoy en día que echarían para atrás a más de un experto reciente en grindhouse... de los que dicen que Hostel 2 es efectista. Ntsch.
Cabe matizar cierta postura opuesta, la que patalea diciendo que aquí nunca existió el Grindhouse. Falso. Los cines de barrio, con sus sesiones dobles de Supersonic Man y Buenas Noches Señor Monstruo, o esos cines al aire libre de los pueblos, con una de Pajares y Esteso y luego alguna italianada de zombis... Pues si eso no es zetoso, que venga Dios y lo vea.
Que no sabe la que se montaba en mi pueblo con el estreno de una nueva entrega de Loca Academia de Policía.
Me da que vas a disfrutar con las novelas de Peter Watts. El autor las ha dejado para descarga en su web:
http://rifters.com/real/shorts.htm
Te recomiendo que leas primero Blindsight, es más corta que la saga de los rifters.
Muchas gracias! Ya te contaré ;)