El Ultimatum de Bourne - Review

Fue hace cinco años. Vin Diesel realizaba una gira promocional para la espectacular XXX, una espectacular puesta al día del cine de acción y espionaje. En plena rueda de prensa, Diesel declara: “2002 será recordado como el año en que se estrenó una película que redefinió el género de espías. Y esa película es El Caso Bourne”.
La grandeza puede ser una sorpresa.
Un cuerpo a la deriva. Una luz que centellea. Un punto de partida potente, con una figura rodeada de vacío. Todo eran preguntas al principio de El Caso Bourne. Y poco después llegaba la que, para mí, es la mejor escena del film, así como la definición del personaje. Bourne camina sin rumbo cierto, aterido de un frío más profundo que el de la nieve que le rodea. Parece un cachorrillo triste y ojeroso, sin saber a donde ir, sin tener un sitio.
Esta trilogía sigue una estructura circular e iniciática (y que recuerda a viejos principios de religiones orientales), con el agua como catalizador en los momentos cruciales. Bourne ha de vivir, alternativamente, una de sus dos vidas sin abrazar del todo una de ellas. La primera película se abría con la poderosa imagen de un Bourne que flota a la deriva en un mar inabarcable (“el mar lo perdona todo”, dicen). Bourne va a volver sobre sus pasos para intentar ser una vez más David Webb. Y desde su encuentro con Marie hasta la muerte de ésta, al comienzo de la segunda entrega, Bourne va a estar más cerca que nunca de esa idealizada personalidad previa. Es la única película de la saga en la que Bourne se permite sonreir.
El asesinato de Marie es el siguiente suceso traumático relacionado con el agua, al producirse con la pareja sumergida en el Ganges. Marie se hunde y Bourne despierta/Webb desaparece: por más que lo intente, está obligado a regresar a la superficie, dejando atrás su única ancla con aquel simulacro de vida normal. Su amante no puede devolverle el abrazo, pero si su otro yo, que abraza de forma definitiva para sublimarlo. Bourne va a ser el espía perfecto, más allá de las expectativas de sus creadores. El agua, como líquido amniótico, como elemento que limpia, purifica y arrebata, se muestra explícita en El Ultimátum. Bourne sufre un flashback donde revive el proceso de lavado de cerebro y conversión, en concreto la tortura de ser encapuchado, su cabeza atrapada en un tanque de agua. Ese recuerdo se funde con el de la muerte de Marie, y el inútil intento de Bourne por reanimar el cadáver de la chica.

Bourne es más poderoso que nunca. La mezcla de suerte, habilidad e imprudencia que le ha mantenido con vida hasta ahora se ha convertido en certeza implacable. Ese trompo imposible con la moto. Esos saltos de ventana a ventana. La burrez de machacar a sus enemigos con un coche, sin mirar por su propia seguridad. Puede que la (terrorífica) CIA tenga todos los recursos humanamente posibles. Pero Bourne es ya sobrehumano. Siempre está un paso por delante de sus enemigos, y tener las respuestas al alcance de la mano hace que nunca baje el ritmo. Y fuerza la máquina. El aspecto físico que tuviera en su primera aventura o en los fugaces momentos que pasó junto a Marie, ya no están. Con todo, Marie si está presente en esta tercera entrega, no tanto en los flashbacks sino como la losa que aplasta a Bourne, quien evita buscar solaz en Niqui pese a verse en una situación idéntica a la que propiciase su relación con Marie. Bourne está demasiado cansado para querer o quererse. Tiene ojeras, siempre al borde del agotamiento psíquico. El super espía va de empalmada, y no descansará hasta lograr un objetivo que puede no existir.
Las películas de Bourne apelan a un entendimiento más europeo del género. Sus calles son las mismas que las de Guardianes de la Noche o Agenda Oculta, con peligros dotados de esa textura extra de realidad que da lo sucio, lo urbano. Un sentimiento europeísta reforzado por el acertado casting. Aquí los malos son yankies avejentados, de rasgos toscos y fácilmente reconocibles como tipos chungos. En cambio, la familiaridad de los aliados la aportan un inglés, una polaca o un español/alemán. ¿Que Nicky es americana? Pues se la tiñe de negro y voilà, ya es una deliciosa francesita que ha roto con su pasado.
Y el final cierra el círculo, con el mismo plano que abrió la trilogía. Cuatro traumas relacionados con el agua: de Webb a Bourne, de nuevo Webb, regreso a Bourne y finalmente… No lo sabemos. Tan sólo, una nueva resurrección, una catársis de la que con seguridad Bourne renace, renovado y más fuerte. Y como nosotros, Nicky sonríe, sabiendo que Bourne es ya un mito.
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Reader Comments
Black Hole , Septiembre 20, 2007 11:30 PM
La verdad es que durante las tres películas no me había parado a pensar en el agua hasta que lo has mencionado y, pardiez, tienes razón O_O
Dr Zito , Septiembre 21, 2007 02:32 PM
Madre, que reseña mas buena. Ole.
Aureal , Septiembre 22, 2007 12:34 PM
¡MIl gracias!
Elena , Septiembre 22, 2007 06:23 PM
Jason Bourne, héroe del wuxia :D
http://lesbiassparrow.livejournal.com/144499.html
Aureal , Septiembre 22, 2007 06:32 PM
Sí pero no... aunque es muy graciosa la explicación.
Pero es cierto: el tio sólo sonríe en la primera, puede que haga un amago al principio de la segunda (antes de que maten a Marie), pero luego, nada. Ni un chiste. Ni humor negro. Nada. Tan sólo permite que sus enemigos queden en ridículo ("si fuese cierto que está en su despacho, esta conversación la tendríamos cara a cara"), y ya.
Un tipo tan duro que no necesita punch lines. Y que te machaca la cara con un libro. Ea.
darkerr , Septiembre 25, 2007 05:19 AM
Muy completo informe, aunque aun no veo la tercera pelicula, ya tardo. El asunto del agua, pues tienes muchisima razón, esto no es puro entretenimiento, es algo más. Saludos.
Adrian , Septiembre 28, 2007 07:11 PM
Oiga, me ha encantado esto. Precisamente me he tragado recientemente la trilogía entera y no puede tener usted más razón.
PS: ¿Ha visto ya Hot Fuzz? Va a ser sin duda la gran infravalorada del año, y es un peliculón. Se lo digo desde ya.
Aureal , Septiembre 29, 2007 10:35 AM
Hola Adrian. ¡Gracias por el comentario!
Ay, Hot Fuzz fue como un polvo frustrado. Shaun of the dead me gustó tanto, tantísimo, que sólo podía esperar lo mejor de Hot Fuzz. Está muy bien, pero le falta algo, no se... un ritmo, un desarrollo, un carisma, algo. Eso, y que los chistes de viejos con pistolones me parecen un concepto cutre y poco original.
Pero con todo, mira por encima del hombro a la mayoría de películas del 2007, que conste.