À l’intérieur - Review

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Frente al agotamiento del terror oriental y los palos de ciego de la porno-tortura americana, el solaz del que busca terror está en Francia. Rara es la decepción en esta oferta europea: como poco, tienes un Ils, y si se acierta llegan los Haute Tension, los Sheitan o À L’intérieur. Este nuevo género podría definirse como ‘destrucción del pequeño burgúes’. Jóvenes sin ideales reciben un baño de realidad, ya sea en un ámbito desconocido (ese campo siniestro) o bien por una invasión de su burbuja de ingenuidad.

À l’intérieur es Baby Blood hiperliteral y escrita por Ibsen. Sarah, joven fotógrafa a punto de dar a luz, pasa la noche de Navidad en su casa, rumiando la pérdida de su pareja. Alguien llama a la puerta y comienza la escabechina, un festival sangunoso que cae en los tópicos para darles la vuelta como un calcetín. Todas las imágenes desagradables que se os ocurran por la unión de gore y embarazo están en À l’intérieur. Y muchas más.

El cine francés no entiende de lo sucio. Mejor dicho, sí entiende, pero años de comedias y dramas burgueses hacen inevitable un halo elegante en todas sus producciones, al margen de su contenido. À l’intérieur no evita esa elegancia, sino que opta por dinamitarla desde dentro. Dentro todo es seguro, cómodo y bonito, pero desde fuera ataca un elemento disonante y rudo que amenaza esa coherencia. Como lo hicieron los disturbios en los barrios inmigrantes, periodo en el que se emplaza la peli: no se nos muestra nada, sólo se nos cuenta, pero sabemos que algo va mal aunque echemos el pestillo de la puerta. Tras el accidente, Sarah pierde las ganas de todo. Es egoísta, porque lleva una vida en su seno y no le da la importancia que se merece: ni quiere a su bebé ni le odia, simplemente le ignora. Un hecho que grita ‘mala idea’ a todo volumen, porque La Mujer pretende que Sarah abra los ojos, por las malas. No lo logrará del todo, tan sólo azuzará su sentido de supervivencia. Pero el viaje es lo más divertido…

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La Mujer. De todos los iconos posibles, me plantan una bigarda vestida con corpiño y vestido Rottenmeyer, moño victoriano y rasgos tallados a cuchillo. Resulta que esta imagen es mi ánima particular, y aunque verla en físico atenúa el mal rollo, esos planos de su rostro entre sombras, la primera aparición, la foto… pellizquitos en nervio. Súmese a eso que Beatrice Dalle encaja sin fisuras en el perfil de loca, y se logrará una incertidumbre en el espectador de la que pocas películas pueden presumir. Con todo inmerso en ese silencio propio de las pesadillas. Así llegan, inesperados pero absurdamente lógicos, los tajos en el vientre de Sarah, manos atravesadas, los disparos a hiper-bocajarro.

Bustillo y Maury, dos jovenzuelos que siguen sin creer su suerte, ya han firmado por el remake de Hellraiser con los Weinstein. Seguramente el resultado sea un truñete, pero À l’intérieur demuestra que estos dos no usan las tijeras para cortar metraje, precisamente. Cuentan con la bendición de Barrer y no quieren hacer un remake, sino partir de cero. Y qué narices: seguro que con lo que salga, sea como sea, se lo pasan de puta madre. Y nosotros con ellos.

Reader Comments

  • Woed , Octubre 30, 2007 04:37 PM

    Estoy a la espera de ver la peli para poder leer el post. Tengo miedo a que se destripe algo... del argumento.

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