Strange Circus - Review

El cráneo fue puesto sobre una bandeja y entregado a la niña para ser ofrecido a su madre.
El impasible verdugo se mantuvo erguido, en su mano una larga espada manchada de sangre.
‘Ya es una mujer. Bajo su rostro gélido arde la llama de su pasión.’
Á Rebours - Huysmans
La etiqueta de maldito puede ser a veces unos galones que lucir orgulloso. Suicide Club es una joya que pocos se esforzaron por entender y demasiados quisieron denostar, al quedarse en sus aspectos más superficiales e impactantes, con la guardia baja ante los diversos planos narrativos del film. Sion Sono es la penúltima destilación nipona de realizadores divergentes como Ishii, Tsukamoto o Miike. Tras esculpir sus modos y maneras realizando cortos, Sono realiza su primer largo, Suicide Club, cuya polémica supuso el ruido blanco que casi acaba con la paciencia (y la carrera) del director. Le sigue Noriko’s Dinner Table – que merecerá espacio aparte – en una progresión de introspección de lo social a lo personal, la cual consuma con Strange Circus.
La muerte rodea a Mitsuko. Tras el hermoso prólogo que presenta el decadente circo del título, Mitsuko abre los ojos a su realidad. Una muerte en vida rodeada de personajes secundarios, y en la que hay dos ejes de maldad en torno a los que orbita esta niña. Por un lado su padre, Gozo, más animal que persona al moverse sólo por sus bajos instintos. Por otro lado Sayuri, la madre de Mitsuko, con la que es dulce al ver en ella un modo de preservar su atractivo: cuando ella no esté, Mitsuko ocupará su lugar.

Eso es todo cuanto sabe Mitsuko: que se convertirá en su madre. El resto es cerrar los ojos y escuchar el chirrido de la noria, el eco de un lugar extraño pero acogedor al que escapar. Y lo necesita, porque Gozo abusa de ella, cada vez más. La perversión de su padre le lleva a encerrar a su hija en una funda de violonchelo, por la que ha de observarle mientras folla con su madre. Después ambas intercambian lugares, a la vez que personalidades. Sayuri cree que, efectivamente, Mitsuko va a reemplazar, por lo que la maltrata con una violencia desmedida.
Durante la primera media hora, Sono recurre a una serie de formas de estilo que envuelven lo sórdido de belleza: el uso de la luz y, sobre todo, la alternancia de colores en unos escenarios irreales pero siempre atractivos. Son pocos pero únicos: la mansión rococó de Gozo, en la que las habitaciones y pasillos más importantes tienen un cromatismo distinto al del resto, más mundanos.
La escuela es dirigida por el propio Gozo, quien ejerce en ella su omnipresencia (si bien está siempre presente en el resto del film, si se presta atención) y donde es más poderoso, como remarcan unas tonalidades más oscuras. El tercer plano es el del más allá al que huye Mitsuko. No es un lugar de paz, sí de diversión. Se trata de un cabaret poblado por diletantes, dandys y anomalías (una debilidad de Sono). Todos ellos son ecos de una misma persona. E incluso aquí llegará el poder de Gozo, primero por sus actos – que arrancan a Mitsuko de este lugar - y luego por una presencia física. ¿O siempre ha estado ahí? En cualquier caso, solo allí puede escapar la niña, y lo hace del único modo posible.

Giro en la película. Descubrimos que todo lo que hemos visto hasta el momento es fruto de la imaginación de Taeko, una reputada novelista cuyas novelas de sexo y psicotortura arrasan en las tiendas japonesas. Taeko, en silla de ruedas, tiene el mismo rostro de Sayuri, pero su carácter es juvenil, como el de Mitsuko. Taeko se encapricha de Yuji, el nuevo y asexual secretario de su editor, y que está fascinado con la obra de esta mujer. Lo que vemos no lo es todo. La película vuelve a Mitsuko, ya adolescente, y su progresión vital, atada también a una silla de ruedas. Pero estos hechos surgen de la imaginación de Taeko, quien los escribe para su nueva obra. Por otro lado, Taeko habita una mansión de decoración recargada con motivos circenses. Y en una habitación privada hay una funda de chelo, rodeada de restos de comida. Incluso los hechos que se plantean ante nuestros ojos no son tales: Taeko es perfectamente capaz de caminar y finge su minusvalía. ¿Qué es real y qué no lo es?
Con su maravilloso envoltorio de sugestión, imaginería y música, Strange Circus es una obra para saborear o devorar, con capas y capas que parecen infinitas. La historia de una venganza, un desfile estético, la implosión de la moral, un retrato de la esquizofrenia. Mil añicos de un espejo, roto en apariencia, de reflejo retorcido, pero cuyas piezas encajan de manera delicada, artesanal y perfeccionista. Sono se supera al volverse introspectivo, en lo que es el comienzo de una carreras de promesas de sangre y grabados sobre el dolor.
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