"Niño, lávate las manos antes de sangrar:"
Nuevas formas de inquietar con infantes

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La pérdida como elemento común, la peor de todas: la de un hijo. Es el mismo referente para Grace, Baby Blues, Vinyan y The Children, cuatro títulos casi imprescindibles. No por sus valores (que los tienen, en mayor o menor medida), sino por lo que suponen dentro de un género con tendencia a rumiar en pastos cerrados.

1 – El anhelo sangra y duele: Grace

Desde la organización de Sitges están vendiendo Grace como el próximo Frontiers o Martyrs. La realidad es muy otra, ya que los elogios y parabienes hacia esta película son una sobrada. Muy por debajo de esos referentes galos, Grace podría ser un episodio de Masters of Horror o un direct-to-dvd notable, pero no la revelación que nos quieren vender. A no ser que quienes lo hagan se hayan visto atemorizados en su paternidad o reloj biológico, pues de lo contrario… En esencia, Grace nos habla de los nefastos efectos que trae aferrarse a la negación. La protagonista, tras sufrir un par de abortos, anhela quedarse embarazada. Y lo consigue, pero la tragedia golpea y su bebé fallece antes de dar a luz. La madre decide que llevará hasta el final el embarazo, aunque su Grace esté muerta. Y hete aquí que tras el parto, la niña vuelve a la vida. Pero algo va mal con ella: su dieta necesita mucho más hierro de lo normal…

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Si atajamos, lo primero que hay que señalar es que en Grace no hay grandes impactos ni excesos. Todo gira en torno a la creciente necesidad de la niña de tomar sangre, y la asunción por parte de la madre de dicha urgencia. La película tiene un ritmo más o menos bueno, y está realizada con “gracia”… y ya. Siendo generosos, tal vez se pueda atisbar cierta maldad en su mensaje: el egoísmo. Veréis, no hay ni un solo personaje con el que empatizar. La madre solo vive y respira por ser eso, madre (folla con absoluta desgana, con el único fin de exprimir a su marido para que la preñe), y tiene llena la cabeza de chorradas naturistas y veganas, que la llevan a buscar una matrona para realizar un parto natural. Dicha matrona fue su compañera de Universidad… compañera en el sentido bíblico, y conserva una malsana obsesión por recuperar su afecto (la matrona es presentada no ya como una doctora new wave, sino también como el peor tópico de la bollera-machorro que odia a los hombres en general, y al marido de la protagonista en particular). La suegra es también una arpía desagradable, envidiosa de la maternidad de su nuera . Incluso los doctores o la ayudante de la matrona aparecen como mentirosos o corruptos… Y Grace, podrida y anormal, como fruto lógico de ese caldo de malas influencias.

2 – La locura llena el vacío de la maternidad: Baby Blues

Baby Blues es una peliculita independiente, que ha logrado hacerse un hueco gracias al boca a oreja en diversos festivales. Al igual que en Grace, desde el inicio se plantea un entorno poco favorable para la figura materna, la cual necesita sólo un empujoncito para resquebrajarse. Un marido siempre ausente por su trabajo, una granja, cuatro retoños y la frustración de una vida echada a perder, se suman a una depresión post-parto. Ingredientes para que la madre se monte tal chocho que sufra visiones apocalípticas con sus hijos como protagonistas. La escabechina es inevitable, previsible incluso de no ser por dos puntos que salvan la película. Aunque Baby Blues no se cebe y las muertes de los nenes sean fuera de plano, tampoco ahorra el impacto de mostrar un bebé muerto, una cría asaetada o el cuerpecito inane y apuñalado de un niño de nueve años (imagen de poder innegable, que retrotrae al terror gonzo europeo de los 90). Por otra parte, el único antagonista de la madre es el hijo mayor... de apenas diez años, que aun así se crece y decide sobrevivir por sus santos cojones prepúberes.

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3 – El dolor nos hace muertos en vida: Vinyan

Fabrice Du Welz cocina sus películas. Las pone a fuego lento, y echa especias y guindillas hasta que el guiso explota en ebullición. Lo hizo ya con Calvaire, donde la locura comenzaba con un goteo, alcanzaba un salvaje crescendo (la violación y la rayante escena en el bar) para, tras la eyaculación, alcanzar una balsa de tranquilidad. En Vinyan, una pareja renquea por la vida, tras perder a su hijo en el tsunami de Tailandia. Jean, la esposa, está ligada a la cordura por un hilo cada vez más fino; mientras que su marido hace malabares por mantenerla animada, conservar su matrimonio y evitar la culpa por su presunta responsabilidad en la pérdida. Dispuesta a agarrarse a cualquier esperanza, Jean cree reconocer a su hijo en un vídeo sobre poblados de niños desplazados por el tsunami. Una chispa endeble que Paul no se atreve a apagar. El resto... bueno, es Fabrice Du Welz, no Jean Pierre Jeunet, ¡qué esperáis!

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Du Welz se recrea en su especialidad: la opresión. La de un ambiente exótico aunque ajeno, y la que rodea a los protagonistas, Emmanuelle Beart y Rufus Sewell. La pareja tiene una química perfecta, y transmiten el agobio de irse al quinto pimiento en busca de un espejismo. Vinyan nos tiene cogidos por los huevos hasta su conclusión... que una vez más, es el terreno donde pincha el director. No es decepcionante, pero peca de previsible y no está a la altura de la triste densidad que le precede. Densidad que, por otro lado, hace que Vinyan sea otro ejemplo óptimo de buen neoterror europeo.

4 – Desatendidos, tus hijos serán verdugos: The Children

Una vez más, la vieja Europa salva el día. The Children tiene bastante más chicha que Grace, tanto en lo atmosférico con en lo sugerido. Dos familias numerosas deciden pasar juntas la Navidad en una casa perdida en el bosque. Para disgusto de la hija adolescente, atrapada con mocosos insoportables y un padre cateto que cree que todo lo que proceda de Oriente es la leche. Todo bien (dentro de lo bien que puede ser juntar a dos grupos tan irritantes), e incluso se nos deja atisbar posibles e interesantes planteamientos: nadie toma en serio al padre orientófilo, su hijo asmático es raruno, la pequeña rubia acumula mala leche y el tío y la adolescente flirtean de mala manera.

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Todo quedaría como una versión light de St. Elmo, hasta que ocurre un accidente. Poco antes ya se le ha puesto al espectador un peso en el estómago, merced a una escena de almuerzo en la que se nos envían ráfagas de que algo va mal con algunos niños (los más obvios: la malcriada y el enfermito). Y entonces, tiene lugar el accidente. Un accidente del que se nos dan todos los preparativos, llevados a un punto álgido antes de que tenga lugar… fuera de plano. De ese modo, el impacto lo ponemos nosotros y nos llega con un accidente real, esos que asestan el golpe irrumpiendo en un entorno cotidiano. Se nos ha dejado claro que en los nenes algo ha hecho zip en lugar de zap, lo que les ha convertido en unos psicópatas homicidas. Y además, bastante creativos: antes de que todo se desmadre, la adolescente muestra su tatuaje en plena comida familiar, lo cual fascina (como suele ocurrir) a los niños. El tatuaje es un feto estilizado, ya que la joven estuvo a punto de irse por el retrete. Cuando se desata el terror, los niños hacen su propio diorama, introduciendo un muñeco en el vientre abierto de su progenitor.

The Children se adentra en un subgénero, el de los niños perversos sin razón aparente, que no cuenta con muchas representaciones. Pero las representaciones (o mejor, la primera y más grande) pesan lo bastante como para que parezca que ya está todo dicho. The Children acepta ese sambenito, pero sabe voltearlo y actualizarlo con una ambientación de primera y un óptimo sentido de la tensión.

Esto...

Huelga decir que no hay que ver estas cuatro películas del tirón. Si lo hacen, huyan al monte o pónganse en bucle CJ7.

Reader Comments

  • Darkerr , Septiembre 28, 2009 06:18 PM

    "Baby blues" y "Vinyan" son dos titulos que tendré en cuenta. "Grace" he visto los primeros minutos en mi PC, je, je, lástima que una visita inesperada me impidió seguir, pero lo visto estuvo bastante bien, un tono muy rarito. "The Children" para mi es un peliculón, de lo mejor que he visto en el año, que hasta ahora sería muy poco.

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