Dans ma peau - Review

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¿Qué ocurriría si se hiciera una película sobre la anorexia o la bulimia, pero en plenos años 30? Aparte del inevitable escándalo, las opiniones más ponderadas la tacharían de "absurda" o "grotesca y enfermiza". Quizás, con suerte, alguna joven de la época se reconocería sorprendida, o huiría avergonzada de la sala. El mismo caso se da con la primera película de Marina de Van, que inaugura el siglo XX. Dans ma peau ha sido calificada como intensa, dura, difícil, morbosa o incluso terrorífica. Son todos adjetivos admisibles, y aplicables también a la enfermedad sobre la que trata.

Esther es una próspera ejecutiva en una gran agencia de publicidad. Tiene un buen trabajo, vive bien y mantiene una estable aunque sosa relación. Una noche acude con desgana a la fiesta que dan sus jefes. Aburrida, cotillea por el jardín en obras y cae en un agujero, rasgándose el pantalón. Regresa a la fiesta y cambia el chip, tonteando con su superior, comiendo y bailando. Al ir al baño descubre no sólo que está sangrando, sino que tiene un corte muy severo en la pantorrilla. Aun así, se va de copas con sus compañeros. Cuando por fin se decide a ir a urgencias, el enfermero se extraña de que no sienta dolor con semejante herida, que requiere puntos y un posible trasplante del piel. Esther no acierta a darle una explicación coherente.

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A partir de ahí, Esther encuentra primero regocijo, luego fijación y por último dependencia de su ausencia de dolor. Otras personas se desinhiben por medio del alcohol, las drogas o el sexo. Ella lo hace con la automutilación. Resuelve un bloqueo en su trabajo al quitarse los puntos de la herida y realizarse nuevos cortes. Cuando regocijada se lo cuenta a su amiga en la oficina, ésta siente repulsión e inquietud, pero también una pizca de compasión curiosa. En cierto modo se avergüenza de Esther Más que eso: no puede admitir que obtenga satisfacción personal de una actividad antinatural. No es lo normal. Esa amistad se ve truncada cuando Esther prospera en el trabajo, por encima de su compañera, quien se ve consumida por los celos. En una fiesta en la piscina, permite que una broma esté a punto de descubrir la afición de la protagonista. Y surgen los interrogantes: ¿la delatará ante sus superiores? ¿Se chivará para hundirla? La directora no pretende saber el destino de sus personajes, sino que los deja respirar y vivir. Sus actos no quedan cerrados más allá de las suposiciones que hagamos como espectadores.

Desde un punto de vista en el que el observador no se codea con esos círculos (super empresarios, directores comerciales, negocios multimillonarios), es difícil conectar con algún personaje de la película. Quizás alguien inmerso en esa vida de mesa puesta y lujo aburrido empatice con las miserias de una vida vacía. Pero es curioso cómo se logra que no juzguemos duramente a Esther por su "desviación" En todo caso, podemos sentir cierta lástima por lo sumida que está en la autodestrucción con la que se evade. ¿Quizás porque conectamos con ese atavismo de manipular las heridas, que todos tenemos en cierta medida? Pero la comprensión se reduce a ese único aspecto, porque en lo demás Esther resulta egoísta, falsa, rastrera y superficial. Pero atención: podemos perdonarla en cuanto al daño que se inflige, porque vivimos toda la experiencia junto a ella, contando con una información de la que carecen cuantos la rodean. Entendemos su vacío, pero sólo el suyo.

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Poco nos importan el resto de personajes. Como su amiga, envidiosa e infantil. O su novio, un cateto con brotes de furia, y que no sabe ayudar a Esther Más bien la hostiga, celoso de que su novia halle mayor satisfacción con "eso" (su parafilia, su propio cuerpo) que con él mismo. Personaliza el problema de Esther y se siente (merecidamente) desplazado. El cuerpo es aquí un ente ajeno, extraño y perturbador. Esther no siente dolor, se siente tan desligada que su ser se desentiende de sí misma. Así, su brazo es insensible durante la cena de empresa, e incluso aparece como un elemento/objeto con el que luchar para que vuelva a nuestro seno. Sibilino sentido del humor el de esta francesita en dicha secuencia, que está a punto de caer en el guiño a Evil Dead: Esther pelea un poco contra su propia mano.

Consciente del gancho que pueda tener para los morbosos, Dans ma peau nos niega una conclusión morbosa en la que Esther pueda acabar cortándose la pierna o arrancándose la femoral. El bucle que cierra la película nos subraya cómo Esther se reconcilia con su cuerpo, consciente por el momento de lo inútil de sus actos. Si luego irá más allá en su autodestrucción es algo que no sabremos, ya que el filme no gira en torno al acto sino al vacío de la protagonista. No hace falta recorrer los caminos del exceso, porque ya lo hizo su padrino indirecto, Cronenberg. Marina revisita el concepto de nueva carne, que hoy cobra identidad y peso. La directora recoge el testigo para narrar cómo actualmente somos presos de nosotros mismos, del miedo último que surge del que creíamos refugio definitivo: nuestro cuerpo.

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Marina de Van, la niña mala que vino del FEMIS, sigue explorando a su manera los misterios del cuerpo como ente ajeno y aprisionador. En Ne te retourne pas narra cómo una escritora (Sophie Marceau) ve desintegrarse su identidad, al transformarse poco a poco en otra persona (Monica Bellucci). Buena progresión para esta futurista, creadora de un mensaje sobre una enfermedad aún por reconocer, y síntoma de la lepra moral de nuestra época.

Reader Comments

  • Chaiko , Octubre 27, 2009 10:37 PM

    Me ha llevado un par de días leer y saborear los nuevos posts. Me alegra comprobar que sigues en plena forma blogger. Cuéntame una vez más entre tus parroquianos.

    ¡Ánimo!

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