97 de 90: Fuego en el cielo
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Todos conocemos a alguien que tienen pavor a ciertos elementos sobrenaturales: la chica que jamás escucharía una psicofonía, el colega que lo pasa fatal con las películas de posesiones, o esa persona con pavor hacia las historias ‘reales’ de fantasmas. Aunque se basen en elementos fantásticos, son temores igualmente válidos, pues enlazan con fobias y miedos que llevamos impresos en los genes. Son amenazas que escapan al control racional. Pero en este panteón de terrores queda por asentarse uno igual de ancestral, pero cuya manifestación más conocida no hace hasta el siglo XX: los alienígenas.
La persona más inteligente que conozco, la más racional, y capaz de escuchar una respiración en su dormitorio (estando sola), darse la vuelta y dormir… esa persona tiene pánico a los alienígenas. Hasta el punto de que no puede ver películas inofensivas como Independence Day. Y lo cierto es que su temor es fundado. Todo lo fundado que es un miedo basado en atavismos que llevamos en el inconsciente como huellas genéticas. Demonios, fantasmas, monstruos… Son seres, o mejor, creaciones que hemos manejado desde la época de las cuevas, y para los que tenemos figuras de contraataque como exorcistas, sacerdotes o chamanes. Es algo que conocemos, nuestro. Pero una amenaza exterior, algo que, por desconocido, no podemos evitar temer, eso es harina de otro costal. La indefensión es total, hasta el punto de que el terror hacia estos intrusos alcanza su cénit en la esfera más íntima: la de nuestra violación y manipulación en medio de un total desamparo.

El cine no ha explorado lo suficiente este tipo de terror. Tenemos cositas como la desestructurada Communion (algún día habría que hablar de Strieber, el Stephen King de los abducidos); Misterious Skin, que de forma acertada plantea las abducciones como metáforas de nuestro subconsciente para enmascarar traumas. Y un par de falsos documentales: la notabilísima Incident at Lake County y La cuarta fase, fallida aunque entretenida. Y pese a lo escaso del muestrario podemos encontrar un canon: Fuego en el cielo.
Fire in the Sky llega a principios de los 90, cuando la era dorada de la Ufología da sus últimos coletazos. Los ovnis se desvanecían del imaginario social con un último fogonazo, mostrando su faceta más truculenta y llamativa: las abducciones y conspiraciones. La película se basa en el caso real de Travis Walton, siguiendo la cronología de los hechos de forma casi literal, salvo por una alteración en su final.

En 1975 Travis Walton trabajaba como leñador para cuadrilla de su amigo Mike Rogers, en Snowflake, Arizona. Tras una jornada de trabajo, los seis hombres subieron a la furgoneta para volver a sus hogares. Poco antes de salir del Parque Nacional de Sitgreaves vieron un enorme fulgor rojo al otro lado del bosque. En principio pensaron que se trataba de un incendio, pero no vieron humo o llamas y la luz parecía desplazarse. Al aproximarse en su vehículo detectaron de dónde provenía el resplandor: un enorme objeto con forma semi-esférica, flotando a más de 300 metros del suelo. Aprovechando que Mike había detenido la furgoneta, un fascinado Travis bajó para observar la nave de cerca. Sus compañeros le gritaban que volviese al vehículo, y al cabo de unos segundos el joven pareció reaccionar. Temeroso empezó a alejarse del objeto, que emitía un ruido ensordecedor. En ese momento un haz de luz azulado surgió de la nave para golpear a Travis, que cayó inerte. La cuadrilla huyó despavorida, dando por muerto a su compañero. Pero poco después Mike detenía el vehículo y volvía a la zona del incidente para rescatar a Travis. Allí no había nadie.

Sólo con este planteamiento la película muestra sus excelentes mimbres. Tenemos un reparto de lo más solvente (en la escena en la que gritan a Travis que vuelva a la camioneta transmiten un acojone real). Además es una producción del 93, sin infografías ni CGI. Vemos exteriores sin cromas, panorámicas, planos con grúa: todo es palpable y real. A esto se suma el aire rockwelliano de Snowflake y sus habitantes, gentes sencillas que no ven gama de grises: los hombrecillos verdes no existen, así que la cuadrilla mató a Travis. Pero hábilmente, esa previsibilidad no se aplica a los protagonistas. Mike y sus leñadores son personas normales, con problemas reales: la hipoteca, la novia, montar un taller de motos… Creen haber hecho lo correcto al contar la verdad, pero en cambio sólo reciben rechazo y suspicacia, incluso por parte de sus seres queridos. Mike (¡Robert Patrick!) es el que peor parado sale, al pasar de pilar de la comunidad a oveja negra. Los días pasan, las autoridades quieren empapelarlos por asesinato (a pesar de que los cinco realizan una prueba de polígrafo que corrobora su versión), hasta que Travis llama por teléfono a Mike pidiéndole ayuda.

Mike, su hermana (la prometida de Travis), el hermano de Travis y parte de la cuadrilla acude hasta una vieja gasolinera. Allí encuentran a Travis, desnudo, con extrañas marcas en la cara, desnutrido y en un estado entre la catatonia y la histeria. Es aquí cuando se produce el mayor momento WTF: Mike, en lugar de llevar a su amigo al hospital, llama a uno de los ufólogos que ronda el pueblo desde que saltó la noticia. Sus preguntas insistentes y el instrumental que lleva son el mecanismo de guión para que Travis sufra un ataque y nos demuestre que le ha pasado algo muy, muy jodido. Sí, el ufólogo chirría, pero mira por donde se trata de una concesión a la realidad, ya que efectivamente Mike hizo venir al investigador apenas encontró a Travis.
Cuando Travis por fin es ingresado en un hospital (con más flashes del horror que ha pasado), tiene lugar otra escena cojonuda. Mike consigue colarse para hablar con él. Le pone al día y se desahoga, contándole lo mal que le han ido las cosas, riéndose de la acusación de asesinato (¿cómo iba a matar a su mejor amigo?), y sufriendo un lapsus:

- “Cuando volví a donde te alcanzó el rayo y vi que no estabas, se me cayó el mundo encima…”
- “¿"Cuando volviste"?
- “…”
- “Mike, ¿me dejaste allí tirado?”
Travis se gira en la cama y le da la espalda a su amigo. Ambos han pasado las de Caín, y ambos son humanos. Un Spielberg lo hubiese resuelto con Mike llorando y suplicando perdón a su amigo. En lugar de eso, Mike responde:
- “Hijo de puta… La culpa fue tuya, ¡fuiste tú el que se bajó a ver esa puta cosa!”
La traca final es la gran sorpresa de la película. Travis sale del hospital y el pueblo le recibe como una celebridad, pero también como un bicho raro y un farsante. Llama la atención este aspecto, porque la voz de la razón (encarnada por el machacón investigador que interpreta James Garner) nos dice que quizás todo sea un montaje para obtener fama y fortuna, pero también tenemos argumentos para creer que la abducción ha sido real. Nosotros decidimos con la prueba final: escondido bajo una mesa, Travis sufre un severo ataque y por fin vemos lo que le ocurrió durante su ausencia. Atención, porque lo lógico sería que se plasmasen los hechos reales con fidelidad para mantener la cohesión de la historia. Pero hete aquí que lo que el verdadero Travis cuenta que le ocurrió es… muy cutre. Cutre y jipilongo. Básicamente, le rodearon tres humanoides, les plantó cara, exploró la nave (llegando a juguetear con el panel de control) y se topó con unos alienígenas beatíficos, del tipo ‘ario bondadoso’.

Una chufla, vaya. Una decepción para el que quiere conocer la historia real tras ver la película. Y es que sus responsables vieron que plasmar la ‘verdadera’ abducción mandaría al carajo el drama que tan bien habían construido. Así que optaron por mejorar la realidad. Llamaron a los chicos de Light & Magic para crear una secuencia sin fisuras. La primera parte es original y surrealista, con Travis despertando en una vaina orgánica e intentando escapar. Una escena que, seis años después, los Wachowski usarían como ‘inspiración’ nunca reconocida. Y entonces llega lo cojonudo. Los alienígenas atrapan a Travis, lo llevan a rastras por un corredor y lo plantan en una mesa de autopsias. Lo que ocurre a continuación es la escena con extraterrestres más jodida que se haya filmado. Ésta:
Nada de naves blancas e impolutas. Nada de botones táctiles, rayos láser ni zarandajas. Aquí hay costra, suciedad, vejez, podedumbre, desolación. Y esos alienígenas, con ese rictus entre irónico y despectivo (y que remiten a las criaturas de Alex Chandon para los vídeos de Cradle of Filth), son criaturas muy crueles. Tras esta escena, llega un epílogo amable y conciliador, pero no nos importa porque aún seguimos jodidos por lo que hemos visto.

Una película ha reconstruido la realidad, sobreimpresionándola. Un hecho ‘real’ que probablemente sea una pantomima concertada entre leñadores con sueños de fama y fortuna, se ha transformado en algo muy distinto. En el tipo de historia que se cuenta a solas, de madrugada. En el rictus de ansiedad cuando ves que quizás no sea buena idea que ese alguien vea la escena. La propia película nos engaña, con su envoltorio inofensivo y amable: estamos escuchando una melodía clásica cuando de repente el volumen se vuelve atronador y la música cambia a terror industrial. Es la huella que dejan las peores pesadillas, aquellas que irrumpen en un sueño en apariencia normal. Una alerta de que hay temores incontrolables, que anidan en nosotros: el miedo a que lo que no conocemos nos viole el alma.
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Reader Comments
paolo2000 , Marzo 28, 2010 08:36 PM
Como obseso del tema ufologico no puedo comprender mejor a su amigo. Conozco gente que tiene debilidad por los espíritus o los demonios pero efectivamente a otros nos desarman los alienígenas y sobretodo en su version de los "grises". Todavía recuerdo el shock que sufrí cuando vi la portada del libro "Comunion". Muchísimos años despues me envalentoné a leermelo y recuerdo que estando solo en casa pasé unas noches preñadas de miedo y ansiedad ( Si tienen curiosidad metanse en Amazon y lean los comentarios y verán que no fui el único)
Efectivamente el mito de los extraterrestres puede seruna reelaboración de los "visitantes de la noche" que aparecen en culturas anteriores solo que actualizados de una forma hi-tech y verosimil. Y como usted dice su fria "todopoderosidad" casi divina que nos humilla inmesericorde como victimas de no sabemos bién qué. En ese sentido siempre recomiendo encarecidamente las siguientes peliculas que comparten esa visión: "The Forgotten" , "The Box" y "The fourth kind", la última sí reconozco que es fallida pero la visión de la falsa terapeuta con la mandibula desencajada y diciendo "Soy Dios " en arameo a mñi me dejó de piedra.
Y de Fire in the Sky que le voy a contar es una pequeña joya de telefilm. Yo la primera vez que supe de esta pelicula fue en la contraportada de un comic marvel norteamericano y me quedé fascinado aunque me costó mucho verla, de hecho no sería hasta que viví en los USA que la pude ver en un videoclub.
Usted da totalmente en la clave. El anodino y contactista relato de Walton aquí lo convierten en una aterradora pesadilla y posiblemente la abducción mas chunga que se ha recreado nunca. Como usted ya sabe los ufologos y el propio Walton se mostraron muy disgustados con el remake que el director le dió pero a todos los efectos supieron dotar a la historia de una carga de mal rollo que benefició enormemente a la película. Mire por donde voy a volver a verla.
PS: A ver si nos animamos con lo de Strieber. ¿ Se ha leido Comunión ? Yo la pelicula todavia no me he atrevido, no se crea...