A Serbian Film - Review

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Hace poco le preguntaba a un amigo: “¿por qué no hacen más películas que te dejen el alma podrida? ¿Dónde están las burradas francesas?” Habían pasado dos años desde Martyrs, y aunque es preocupante que alguien quiera volver a someterse a ese vapuleo psíquico, lo cierto es que la peli de Pascual Laugier fue el salto del tiburón de una racha maravillosa. Durante un tiempo Francia (y en menor medida Reino Unido y otros países europeos) nos regaló un terror distinto, más perturbador. Por proximidad geográfica y moverse en entornos más familiares, han sido películas que nos tocaban nervio a nivel anímico. Además de Martyrs hemos tenido Haute Tension, Calvaire, Frontier(s), Sheitan, The Children, Eden Lake… Hasta que el grifo se ha cerrado. Sentíamos inquietud de que esto hubiese terminado, pero ha llegado un nuevo estertor. Desde Serbia, nada menos.

Miloš es un actor porno retirado. En su momento fue una estrella del género, pero decidió retirarse para casarse y formar una familia. Junto a su preciosa mujer y un querubín por hijo, Miloš es feliz. De vez en cuando repasa sus viejos éxitos, no por nostalgia, sino porque le permitía ganar dinero fácil. Y además fue el momento más brillante de su vida, pues era una estrella al poseer dos cualidades únicas: pasión y honestidad. (Tres cualidades si contamos su enorme pollón de erección rocosa). Miloš no se avergüenza de su pasado como actor x, sino que simplemente necesitaba algo distinto. Pero es realista en torno al sexo, sin demonizarlo ni magnificarlo. Es capaz de satisfacer a su mujer con la rudeza que le pide, y a la vez explicar a su hijo (al que sorprende viendo una de sus películas) que la sexualidad es algo natural. Con todo, no se puede vivir de buenas intenciones, y la escasez de dinero sumada a la añoranza de Miloš le lleva a aceptar una oferta peculiar.

Una ex compañera de oficio le propone trabajar en una película ‘artística’, a las órdenes de un realizador pintoresco. Miloš no es estúpido y en seguida percibe que algo va mal, pero Vukmir sabe qué botones pulsar. De entrada el dinero, la fortuna ilimitada de los ricos que parece ser respuesta inapelable. Pero también se cita la situación del país, un guiñapo en Europa tras los vaivenes de la guerra. Y Miloš acepta, y nos preparamos para lo peor, que comienza a atisbarse: sexo violento, incitación al abuso de menores, clima de agresividad malsana. El desarrollo inicial de A Serbian Film nos dicta el que sería su desarrollo más lógico y tópico. Esto es: que Miloš se viera atraído cada vez más por la oscuridad y se sumiera en ella, al sentirse de nuevo una estrella aunque sea en el centro de semejante barbarie.

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Pero no. A Serbian Film nos muestra a un protagonista bien definido, consecuente y honesto consigo mismo. No es un pelele hueco al que se le pueda cambiar la personalidad de buenas a primeras. Miloš sabe que no hay nada malo en un poco de rudeza en el sexo, y que el porno puede ser sólo un trabajo. Por eso intenta apearse de la película de Vurkin, y es uno de los mayores aciertos del film. Miloš es fuerte y tiene claros sus límites: le ponen delante a una lolita vestida de Alicia, pero él sabe que no es lo correcto. Se marcha, pero no hay final feliz posible.

A partir de la escapada de Miloš se rompe la estructura lineal de la película. Miloš despierta con una laguna de tres días, y vuelve sobre sus pasos por medio de flashbacks (facilitados con las grabaciones que encuentra en casa de Vukmir). Persigue al conejo hasta la madriguera de lo atroz, donde él es el protagonista. Miloš comete los actos más deplorables, culminando con el peor ataque posible, uno del que jamás podrá recuperarse. Y es justo que no pueda hacerlo, porque la culpa de descubrir lo que ha hecho es inhumana. Ha cometido esos actos contra su voluntad y bajo el efecto de medicamentos para animales, pero negar por ello que sienta el peso de sus actos es ridículo. Él ha sido quién ha llevado a cabo esas bestialidades, y la carga es doble al revivirlo contemplándose a sí mismo en esas escenas. Miloš es muy humano, el personaje más real de toda la película. Sería de necios no admitir la maestría de un film que nos hace identificarnos con un ex actor porno de trabuco descomunal, sólo por quedarnos en la superficie.

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Un pinchazo de las películas sobre snuff es la representación del realizador. Es más accesible presentar el escenario sórdido de estas películas, su violencia, y el contraste entre el rodaje clandestino y los intereses de unos compradores acaudalados. El problema es que no hay ningún tipo de referente es en el de la persona que graba snuff, básicamente por lo poco o nada que se sabe de esa figura. El fallo está en el punto de partida: se muestra al director de snuff como alguien ‘normal’, un tipejo con ciertas ínfulas creativas que se dedica a grabar estas películas por encargo. Un acercamiento más probable sería el de mostrar a un perturbado que grabe sus propias atrocidades… Pero eso sería otro post. Una pena, porque una pieza fundamental vuelve a ser el eslabón pocho. Vukmir, el director de la película, es un remedo europeo del Dino Velvet de Asesinato en 8 mm, pero con menos lumpen y más gomina (y encima parecido a Zé do Caixão). Ambos caen en el tópico de director chiflado con delirios creativos. Incluso comparten el cliché del discurso sobre el arte, la vida y la muerte. Su demencia no inquieta, así que la intimidación y el desasosiego es cosa de matones, putas y escenarios.

Sostengo que casi cualquier película tiene un mensaje, un trasfondo que la empapa por más frívola que sea la intención de sus creadores. Porque, a pesar de su estupenda factura visual, de huir de los planteamientos más trillados del género o de un ritmo tenso, en muchos aspectos A Serbian Film es justo lo que parece: un maratón de burradas que busca la trasgresión definitiva, el triple mortal que la referencia en nuestro imaginario. Quiere entrar en el panteón de esas películas recordadas por su pièce de résistance: “esa en la que la tía le abre la tripa a la embarazada”, “esa en la que le vuelan la cabeza a un niño”, “esa en la que el tío se folla al recién nacido”. Sí, la película sabe qué tabús ha de romper para impactarnos, pero tiene más. Es el retrato inadvertido de un país hecho de retales, representado por un protagonista que lleva a hombros una carga imposible, que ha tenido que realizar actos abominables, pero que, con todo, es un hombre que aspira a una vida tranquila para él y los suyos. Todos podríamos ser él.

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PD.: No, no entro en el tema de la prohibición de la película en nuestro país. En el Focoforo hay un animadísimo debate donde se explica todo a la perfección. Por mi parte, estoy demasiado descreído con la gente y nuestro país, así que me centraré en lo que vale: la película. Y oye, si vuelven los video nasties me encantará ser contrabandista.

Reader Comments

  • Mr. Mortem , Noviembre 9, 2010 11:40 PM

    Felicidades por la entrada y por su vuelta al blog.

    Con respecto a la película he de admitir que no me llama demasiado la atención. Un uso realista e intensificado del gore para contar una suerte de drama no es algo que me resulte apetecible a priori. Curiosamente, al revés que con la new wave francesa del terror que cita al principio, que me fascina.

    Pero también he de admitir que me han entrado bastantes ganas de verla después de este post :P

  • jab , Noviembre 10, 2010 01:00 AM

    Buenas, de acuerdo con todo, tan sólo una puntualización tonta. La laguna de Milos es de tres días. Desde el 18 al 21 de Mayo. De un viernes a un lunes, casi como un chiste macabro sobre las farras de fin de semana.

  • jab , Noviembre 10, 2010 01:04 AM

    Buenas! De acuerdo con todo, tan solo una puntualización tonta. La laguna de Milos dura tres días: desde el Viernes 18 de Mayo hasta el Lunes 21, como si se tratase de un chiste negrísimo sobre las farras de fin de semana.

  • Aureal , Noviembre 10, 2010 01:08 AM

    ¡Coño! Pensé que duraba menos y no quise arriesgarme, porque como SPOILER deja en el sótano a la familia... Lo voy a poner como dices en el texto. ¡Mil gracias!

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